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Un croissant perfecto es algo más que una masa hojaldrada y mantecosa: es el resultado de un delicado equilibrio entre los componentes de la harina (y el proceso de horneado).

Este documento destaca los componentes esenciales de la harina que dan forma a la calidad del croissant y explica su contribución relativa al producto final. Por ejemplo, la concentración de las proteínas favorece la estructura y el aumento, mientras que la gelatinización del almidón y la actividad enzimática influyen en la textura de la miga y el color de la corteza. Al vincular estos factores clave con las propiedades mensurables de la harina, los panaderos y molineros pueden predecir y controlar mejor el resultado de sus croissants.

Este documento forma parte del Volver a la serie Flour, un programa educativo que conecta la ciencia de la harina con las características de los productos de panadería. Obtenga más información aquí.

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